Le escribo a mi compañero, aquel que me vio volar y que me vio caer, aquel caballero de armadura dorada que en realidad jamás la porto, pero para mí siempre la lució. Que deslumbrante era si me lo preguntan.
Pero no fue un simple acompañante cualquiera, él viajaba conmigo a cualquier rincón del planeta que yo le pidiera, y yo hacía lo mismo por él, pero sin saber que ahora desconozco su ubicación.
Mi mejor acompañante si me lo preguntan, porque nadie me dio más protección como él, y por primera vez había dejado de sufrir por el frío carroñero que me lastimaba en cada invierno, y eso que era el primer invierno.

Era mi acompañante por una hora, por dos horas o incluso por casi 12 horas, por un día, por 3 días o incluso por una semana y a pesar de ser mucho tiempo, yo seguía igual de tranquila con su compañía porque era la mejor compañía que alguien puede tener y más porque no había momento de tristezas, si no buscaba como sacarme una sonrisa, buscaba mis manos frías para que hubiera un poco de calor en mí y sin duda era todo lo que yo podía pedir sin haberlo buscado. Pero ahora, la historia contaba con tres puntos suspensivos…

La historia se había detenido en seco, porque antes de llegar al final del capítulo, ya había una pregunta penetrante como: ¿qué compañero hace eso?, porque cuando te enamoras, esa persona que hace eso, se vuelve tu compañero y yo no era su gran ilusión…

(Source: fabbparedess)